Pablo Picasso pintó el Citroën de un mexicano pero nadie sabe dónde encontrarlo

Pablo Picasso siempre fue un amante de los automóviles. Mientras tuvo vida, el pintor y escultor cubista, conservó en su cochera ejemplos de los vehículos más exclusivos de su tiempo: Panhard-Levassor, Hispano-Suiza, Mercedes-Benz, Renault, Oldsmobile y Alfa Romeo.

Sin embargo, esta historia transita en el sentido de uno de los automóviles que nunca poseyó, pero, sí llevó su firma. Se trata del misterioso Citroën DS de 1955 donde el pintor plasmó una de sus obras más desconocidas: Las guirnaldas de la paz.

La historia cuenta que el periodista mexicano Manuel Mejido, aprovechando las convicciones políticas del pintor malagueño, llamó a su oficina y se presentó como un secretario del Centro Republicano Español de la Ciudad de México, solicitando una entrevista.

Picasso, uno de los artistas del momento, detestaba dar entrevistas, pero estaba profundamente agradecido con México por haber recibido refugiados españoles en 1939, así que accedió a darle una entrevista en su residencia de Cannes, a las 11 de la mañana, cuatro días más tarde.

Entusiasmado, Manuel Mejido voló de inmediato a Francia. Llegó con muy poco dinero, así que decidió contactar a un conocido que vivía en la Casa México de París para que le prestara un automóvil que lo pudiera llevar a su entrevista en Cannes.

Al mismo tiempo se hizo amigo de un par de colombianos documentalistas y una francesa que estaban dispuestos a pagar los gastos de traslado, si Mejido los ayudaba a conocer a Picasso. El trato estaba listo.

Ya en la residencia de Picasso en Cannes, el pintor recibió a la comitiva de jóvenes personalmente. Pablo Picasso los atendió por un lapso corto de tiempo dentro de uno de los salones principales de su casa, mientras contaba detalles al azar sobre su vida y obra, pero en algún momento de la conversación, el pintor desapareció misteriosamente por un lapso de horas.

Al regresar al salón principal Picasso empezó a gritar y levantar las manos furioso diciendo que era hora de que todos se fueran de aquel lugar. Mejido decidió salir de la mansión junto a los Colombianos y la francesa, pero al llegar a la entrada de aquel lugar, se llevaron una gran sorpresa ya que el Citroën DS que conducían estaba pintado con una flor, un árbol y una familia.

Picasso nuevamente apareció en escena y con un gesto de risa dijo a Manuel Mejido: “Pinté en tu automóvil las guirnaldas de la paz”.

El resto de la historia de reduce a un Manuel Mejido manejando apresurado, camino a París, para poder vender el automóvil a una galería de arte lo más rápido posible sin que la pintura y la firma de Picasso de desprendiera del Citroën.

Al llegar a la ciudad de la luz, Mejido realizó un trato con una galería local por el que ganó un aproximado de 6 mil dólares, al cambio de entonces, mil de los cuales dio al amigo que le había prestado el Citroën sin darle mayor explicación al respecto.

Del coche y la obra jamás se supo nada al respecto pero se cree que permanece en una colección privada de Europa.

Dicha anécdota fue precursora de la primera alianza formal entre la familia Picasso y Citroën, ya que el 17 de septiembre de 1998, la familia del artista firmó un contrato millonario para que la marca francesa pudiera nombrar y usar la firma del malagueño en uno de sus vehículos promesa el Xsara Picasso.

 

 

 

Fuente: El País/Juan Manuel Villalobos
Fotografías: planetadelmotor.com, catawiki y revista LIFE