50 años separan la actualidad de la victoria 1-2-3 de Ford en las 24 Horas de Le Mans.

Corría el año 1966, y este histórico corte de manga a Ferrari sorprendió a propios y extraños. Aún hoy se sigue explotando el márketing de dicha hazaña, perpetrada por un trío de Ford GT40, en cuyos ecos resuena el nombre del ya difunto Carroll Shelby, genio y figura del automovilismo estadounidense.

Tras los GT40 y con motivo de su centenario, Ford rinde homenaje al GT40 con el Ford GT. Y es el Ford GT el que acaba de presentarse en su segunda generación, más innovador, potente y rápido que nunca, pero aún con la misma estampa, reconocible a simple vista.

La historia del Ford GT nace de la ambición, como una buena parte de las grandes historias automovilísticas. Y nace a principios de los años sesenta, cuando Enzo Ferrari se niega y bloquea una adquisición de Ferrari por parte de Ford y su presidente, cuyas aspiraciones por aquél entonces eran la gloria en la competición. . . .

Con la ayuda de Lee Iacocca desarrollaron una oferta de la que Enzo se rió y negó, cerrándose en rotundo a esta adquisición, mientras dominaba con puño de hierro todo evento deportivo a principios de los sesenta.

Henry Ford II estaba enfadado y decidió pagar a Ferrari con su misma moneda, con una venganza en las 24 Horas de Le Mans, terreno donde Ferrari era imbatible y cimentaba su fama automovilística y es un ex Aston Martin y el único ingeniero de Ford con conocimiento en motores centrales. Así comenzaba el desarrollo del Ford GT40.

Ford era plenamente consciente que su compañía no contaba con la tecnología necesaria para vencer a Ferrari. Decidió usar a su único ingeniero con conocimientos en motores centrales, “Roy Lunn”, artífice del Ford Mustang I Concept de 1962, para buscar en Inglaterra fabricantes o escuderías con los que establecer una colaboración.

Escuderías o fabricantes con los que Ford ya tuviese relación, cerrando la lista en torno a tres nombres: Lola Cars, Lotus y Cooper. Lotus declinó la oferta de Ford – eran también orgullosos y no les iba nada mal en solitario – mientras que Cooper no fue apta por su falta de experiencia. Lola Cars accedió a ceder a Ford dos chasis del Lola Mk6, un superdeportivo de motor central 4.2 V8 Ford, con el que disfrutaban de un moderado éxito en eventos de resistencia, pero que aún tenía mucho margen de mejora.

Los chasis fueron enviados a la recién creada Ford Advanced Vehicles Ltd. en la misma Albión, donde fueron revolucionados y carrozados, mientras que un ex-manager de la escudería de Aston Martin dirigía la orquesta.

Tras su presentación al mundo en Nueva York, el primer prototipo participó en los 1.000 Km de Nürburgring de 1964, donde se retiró por un fallo de suspensión.

Los tres prototipos que participaron en las 24 Horas de Le Mans de 1964 sufrieron fallos mecánicos y ni uno sólo terminó la carrera. Visiblemente molesto, Henry Ford decidió acudir a un hombre de confianza y envió los tres autos a un tal Carroll Shelby, en Texas.

Dice la historia que Carroll Shelby casi abandona el proyecto al recibir los autos sin limpiar, casi recién llegados desde Le Mans, aún goteando aceite, llenos de polvo y arañazos.

Shelby decidió tomar el proyecto como algo personal. Fue entonces donde nació el Ford GT40 como lo conocemos. Con sólo 40 pulgadas de alto – 1,01 metros, de ahí el nombre GT40 – y poco más de 4 metros de largo, ya tenía las formas por las que siguen siendo reconocibles sus sucesores.

Un morro muy bajo y corto, con su calandra casi rascando el suelo. Ópticas carenadas, motor central-trasero y un alerón respingón tras el que el casi cortado a cuchillo, termina el auto.

Tras el fracaso del Ford GT40 Mark I nace el Shelby Ford GT40 MkII, equipado con un motor V8 de 7.0 litros, convenientemente potenciado por Shelby y heredado de la familia Ford Galaxie. Motor que fue empleado en la NASCAR y cuya potencia era cercana a los 500 CV en los GT40.

Tras su éxito en los 2.000 km de la Daytona Continental. El resto del año 1965 fue un desastre, pero la experiencia acumulada y un pulido de todos los errores llevó al equipo capitaneado por Carroll Shelby a lograr su famosa victoria 1-2-3 en las 24 Horas de Le Mans de 1966.

Victoria que supuso un gran corte de manga por parte de Ford a la arrogancia de Enzo Ferrari, victoria que fue a partes iguales hazaña deportiva y duelo de personalidades.

Ford no pudo repetir su hazaña en 1967 debido a una pieza defectuosa que desactivó por completo a los MkII. No obstante, un aerodinámico GT40 MkIV con chasis tubular y peso ultraligero se hizo con las 24 Horas de Le Mans de 1967, adelantándose a dos Ferrari 330 P4, en otra humillación al ego de Enzo.

La victoria de 1967 fue celebrada agitando una botella de champán y duchando a toda persona con su espuma. Se dice que fue el piloto Dan Gurney el que inventó este ritual. Con sólo 1.200 kg de peso, el MkIV era el GT40 más ligero, casi 120 kg por debajo de los MkII.

En 1968 y 1969 Ford repitió la hazaña con el GT40 MkI. Sí, Ford volvió a la primera iteración del GT40 debido a una decisión de la FIA que ponía un límite de cilindrada a los motores. Dicen las malas lenguas, que para prohibir el imparable avance de los gigantescos motores americanos.

La victoria de 1969 fue de sólo unos metros por delante de un Porsche 908, en una carrera en la que el GT40 sufrió el acoso imparable de los Porsche, que con la introducción en los 70 del poderoso 917 dominarían la resistencia con puño de hierro. Ford retiró a sus GT40 de la escena, con la cabeza bien alta.

El Ford GT40 fue el vehículo americano de competición más exitoso de la historia, una leyenda con ruedas cuya figura icónica sigue viva hoy día. Los ejemplares que se subastan alcanzan cifras astronómicas cercanas a las 8 cifras, con el vencedor de Le Mans de 1968 subastado por 11 millones de dólares.

El GT40 MkIII fue el único GT40 de calle producido oficialmente por Ford, en una tirada de siete unidades.

Con más confort, suspensión más blanda y un motor 4.7 V8 de 335 CV., sin olvidarse de los prototipos descapotables que no llegaron a venderse al público, fue el único GT40 de uso legal en carretera.

Fuente: Ford – D.M.