Canciones de Juan Gabriel que dedicarías a tu auto

Desde el 28 de agosto de 2016 México se quedó sin uno de sus máximos exponentes musicales. Hace tres años el cantautor Juan Gabriel falleció en Santa Mónica, California, víctima de un infarto dejando tras él más de 1,800 canciones escritas. Quizás te preguntes qué tiene que ver el legado del llamado “Divo de Juárez” con los autos, pues mucho. Te contaremos por qué y cuáles son las composiciones que bien pueden musicalizar la relación que llevas con tu coche. Sube el volumen.

Hasta que te conocí

Sabemos que antes de tener coche caminabas plácidamente por la calle sin que te importara si había o no tráfico. Todo cambió cuando por fin tuviste auto y viste la vida con dolor, porque en las horas pico te puede tomar 30 minutos avanzar un par de metros y seguro pensaste “yo jamás sufrí, yo jamás lloré, yo era muy feliz; yo vivía muy bien”. Buena para ejemplificar la relación amor-odio que muchos le tienen a su coche.

Ya lo sé que tú te vas

Tu auto y tú vivieron años enteros de velocidad, buenos instantes, lindos paisajes y viste cómo el odómetro sumaba kilómetros con el paso del tiempo hasta que llegó el momento en que comenzó a sufrir descomposturas que poco a poco acabaron con su vida útil.

Por fin llegó el día de despedirte de tu coche y sólo atinas a decir:”ha llegado la hora de decirnos adiós. Te deseo buena suerte; hasta nunca mi amor”. Hasta de los autos duele despedirse.

Nada, ni nadie

Desde que lo viste en el piso de venta sabías que ese sería tu coche durante muchos años y cuando por fin te sentaste al volante supiste que nada ni nadie los podrá separar.

Obviamente esta es una canción digna para poner a todo volumen en el auto; seguro contagiarás felicidad. Haz la prueba.

Si quieres

Algo parecido a la anterior canción y es que seguro acariciaste el cofre cantando “yo me estaría la vida siempre a tu lado”, porque sabías que ese auto y tú tendrían una relación para toda la vida asumiendo que siempre lo cuidarías y te asegurarías que le darías la atención necesaria. Puro romanticismo.

La Farsante

“Yo creí que eras buena; yo creí que eras sincera”. Viste la ficha técnica y te aseguraron que ese auto nunca te daría preocupaciones y que su desempeño siempre sería el óptimo. Pues no, siempre hubo algo que le falló; lo llevaste al mecánico y al cabo de unos días nuevamente se descompuso. Se te acabó la paciencia y optaste mejor por deshacerte de él, con tu orgullo en el suelo tirado como una basura. Triste fin.

Te lo pido por favor

Vas por la carretera feliz cuando de repente ves con horror que el indicador del combustible llegó a “vacío” y la gasolinera más cercana está todavía muy lejos pero quieres que tu coche llegue sin necesidad de que lo empujes. En ese momento comienzas a hablarle a tu vehículo con vehemencia (aceptémoslo, alguna vez le hemos hablado a nuestro coche como si fuera una persona), y le dices “ten mi vida te la doy, pero no me dejes nunca, nunca. Te lo pido por favor”.

Cuando quieras déjame

Tu auto está en el taller y ahora no tienes cómo moverte al trabajo o a la escuela. Parece que todo está perdido pero sacas tu orgullo maltrecho y caes en cuenta que no naciste en auto y te resignas a andar en transporte público, es más te dices: “canto, río y lloro de felicidad, pero nada más”.

Noche a noche

Lo viste desde la calle, impecable y desde ese momento supiste que ese coche era para ti. Entras a la agencia y ves que tu presupuesto no se ajusta para comprar esa belleza de auto que viste. Noche a noche sueñas y sueñas, pero despiertas sorprendido porque ese coche no está contigo y comienzas a llorar.

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