GP de México: una fiesta interminable

El GP de México parece que nunca dejará de sorprender al mundo. Si no es el colorido de los espectáculos en pista previo a la carrera, son los entradones que se registran en las gradas con su muy peculiar colorido, o es el podio que dejó boquiabierto a todo el planeta porque que se recuerde, nunca había subido al podio el monoplaza del piloto ganador. Es una fiesta siempre el Gran Premio de México de Fórmula 1.

Siempre nos ha dado la impresión que la festividad de la Fórmula 1 salpica a toda la ciudad, los domingos por la mañana, sin importar qué tan lejos esté el Autódromo. A kilómetros del circuito se pueden ver caminando a gente vistiendo ropas de diferentes escuderías.

Quienes viajan en el transporte que lleva al AHR se calan la gorra que lo mismo porta al Cavallino Rampante de Ferrari, que la estrella alemana de Mercedes-Benz o al burel de Red Bull embistiendolo todo, o bien bajan el cierre de su chamarra para ver por enésima vez su boleto de acceso al Gran Premio de México, como si fuera algo que por segundos parecen estarlo soñando.


Niños con la gorra azul que hiciera famosa Ayrton Senna, cuyo nombre “Nacional” es ya parte de la cultura del automovilismo y que portada por pequeños nos da la tranquilidad de que hay amor por la Fórmula 1 en México para rato, van de la mano de sus padres con una sonrisa que conforme se van viendo las rejas del Autódromo se iluminan más y más.

El comité organizador auguraba una fiesta previo a la carrera incluso desde el mismo cielo, pues en la semana previa se hablaba de una actividad aérea inusual en los alrededores del Autódromo, que no era otra cosa que helicópteros ensayando lo que veríamos el domingo día del GP de México.

Abarrotado ya en recinto, quienes estaban en el Foro Sol o la recta principal pudieron apreciar una adaptación de la Guelaguetza oaxaqueña, que llenó de color el previo de la carrera.

Llegó la hora de entonar el Himno Nacional, el cual corrió a cargo de un coro de niñas Tehuanas de la Escuela Primaria “Centro Escolar de Juchitán”. Piel china, gente de pie y los helicópteros de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Secretaría de Marina portaban gallardos una bandera de México. 

Fin de carrera. Gana Lewis Hamilton y con eso se acerca a su sexto título de pilotos. La premiación es en el Foro Sol, que tiene sus gradas totalmente llenas; nadie quiere irse con todo y que al norte un nubarrón negro cargado de agua amenaza con bañar todo el circuito. No importa. Hay que ver la premiación.

Sube Valtteri Bottas, serio, finlandés al fin. Luego Sebastian Vettel, quien minutos después apartara al famoso “Mario Achi” de la ceremonia en el podio por querer una “selfie” con los tres primeros lugares de la carrera. Ya luego el alemán se quejó del hecho y nos dejó en claro que no le gustan las “selfies” no sin antes decir que el diseño no le gustó.

Llegó el momento de encumbrar al ganador y esa capacidad que tiene el Gran Premio de México de dejar con la boca abierta a todo el mundo es que jamás, ¡JAMÁS! va a ser igual a las demás carreras, al menos en cuanto a su ceremonia de premiación se refiere.

Hamilton subió por una plataforma, cual si fuera un cantante que llega al escenario dispuesto a iniciar su recital entonando su hit número uno, pero no llegó sólo a su cita con la ceremonia protocolaria; en la plataforma lo acompañaba su monoplaza todavía caliente tras una batalla de 71 giros. Momento inaudito; no se recuerda que en lo alto del podio también participe el auto ganador. Honor a quien honor merece.

Acaba todo, pero entra DJ Tiesto a mezclar música. El ambiente no decae con todo y que ese nubarrón del norte ya no aguanta más y se va a dejar caer sobre la ciudad. Del otro lado de la pista, ahí donde la banda de rodamiento de Max Verstappen se paseó coqueta por el asfalto, casi ya no hay gente. Los oficiales de pista abordan un autobús que los llevará a la recta principal a entregar el parte de guerra. Las tribunas lucen vacías y quien escribe suspira al recordar esa frase de Jorge Valdano: “No hay nada más melancólico que una tribuna vacía después del partido”. Ni hablar, hasta el año que entra, querida Fórmula 1.


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