La vida profesional de Juan Carlos Andrade siempre ha estado marcada por el rugir de los motores, el olor a neumáticos y la dureza de la carretera. Su trayectoria profesional es bastante amplia. La relación que mantiene con los vehículos pesados nació desde que era muy pequeño, debido a que su padre, Edgar, también estuvo vinculado con este mundo.

Las carreteras del país guardan muchas historias de logros profesionales al volante, pero también sucesos tristes. En ciertas ocasiones, la impericia al conducir o el destino al que se dirigen,  juegan malas pasadas a los conductores. Estos en parte pueden ser evitados con precaución y cierto conocimiento técnico sobre conducción defensiva.